Cama, caricia y cosquillas.

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Poisoned.

A veces dejaban la ropa sobre el pomo de la puerta, para que algo quedara en pie. Sin los argumentos de él ni las defensivas de ella de por medio todo parecía más natural, más sano.
Sólo que a veces es necesario sentir un poco de veneno para recordar que estás vivo; antes de llegar a la anestesia, o dejar de sentir las caricias donde llevan un buen rato. ¿Conoces esa sensación? De tener poco poder sobre tu propio cuerpo.
No sé si cierto, no sé si triste. Como todas esas escapadas a la cama, con la ropa tirada por el suelo.
Todos quedamos en que es como más se disfruta, aunque nunca vayamos a admitir que somos el veneno y la cura.

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For those who have heart.

Nos salen diferentes tipos de dientes, pero sólo uno de corazón. Debería crecernos el corazón de leche, cuando somos pequeños y vulnerables, dependemos de los demás para sobrevivir y aprender. Somos inocentes, inofensivos, auténticos. Aun sin dentadura sonreímos, le enseñamos al mundo lo maravilloso que es empezar de cero.

El segundo corazón, el definitivo. El que al madurar nos ayudara a trabajar en conjunto con la cabeza. Qué locura, ¿verdad?

Y, por ultimo, el que no todo el mundo debiera tener: el corazón del juicio. El corazón que te formara como persona adulta, con sentimientos coherentes; o por el contrario, doliera hasta desgarrar.

Está claro que tenemos un sólo corazón y no se nos puede caer, no podemos reemplazarlo. Pero podemos pelear con uñas y dientes para que sea tan fuerte que no haga falta curarlo, empastarlo en caso de pérdida o mal cuidado… Aunque exista gente que no muestre los dientes al sonreír, que no demuestre humanidad al actuar.

Nos hace más falta escuchar el latir que el masticar.

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